Resolución de los problemas a la luz de la fe

De intercambios por mail

«Una cosa que puedes hacer y que contribuirá a la distensión en medio de la oración es que interiormente resuelvas los temas que tienes entre manos y que te causan preocupación, lo antes posible.

Sucede que para la hesiquía del corazón, como decía Nicéforo es necesario tener una vida apacible y en paz con todos y lo pendiente genera gasto de energía e inquietud. Es preciso para quienes como nosotros queremos permanecer en quietud interior no tener “pendientes” indecisos.

Si uno confía en la providencia de Dios, debe hacer lo que debe, pero sin demasiada complicación. La Providencia rara vez nos exige entrar en entuertos sin fin. No ha de ir esto por la vía de lo complicado, de eso estoy seguro. Busca la decisión que del modo más simple ayude a todos. No incurras en negligencia, pero tampoco te enredes, es como una vía del medio. No busques desesperadamente. Busca en oración y dile al Señor lo impotente que estás y en ese estado permanece hasta que todo se aclare.

Sí, es complicado. Pero te pido que tengas en cuenta esto: Nada que se decida desde la alteración interior lleva a buen puerto. Es decir que ese estado de confianza y tranquilidad es el que hay que buscar para decidir.

Trata de cumplir tu regla de vida en esa condición de distensión, aprendiendo a examinarte, observa como cada vez que estamos tensos desconfiamos de la misericordia del Señor.

Si en Él confiamos nada tenemos que temer ni tensar, solo entregarnos al deber que nos indica nuestro estado.

Distiende tu cuerpo cada vez que te acuerdes y haz coincidir esta relajación con una actitud de confianza absoluta en Dios y su Providencia.

Intenta lograr la distensión profunda anclada en la fe durante todo el día, lo que yo definiría como… Una santa despreocupación. Vive en ella».

Texto propio del blog

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La entrada en el desierto

Estimados hermanos en Cristo, agradecemos al hno. Victos de San José, la aportación de este texto.

«La entrada en el desierto es siempre un momento solemne. Abandonas el ambiente normal de las relaciones sociales por la incógnita de la soledad. Se empieza por desgarramientos, rupturas, tal vez repudiaciones. No se lleva a cabo sin lágrimas esa universal y definitiva repulsa de cuanto nos era más querido. Lo suyo les costó a los Hebreos dejar Egipto, y lo lamentaron por mucho tiempo. Eso que salían en familia. A ti se te pide la fe y el valor de Abrahán: Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré…. Marchó, pues, Abram, como se lo había dicho Yahveh (Génesis 12,1-4).

No se lee que vacilara o le pesara. Échalo todo por la borda, y pronto. Los miramientos, los aplazamientos sólo harán que sean más costosos unos sacrificios que un día bien tendrás que aceptar, so pena de nunca ser Ermitaño y no poder perseverar. El Dios que te llama a esas renuncias será tu fortaleza. Hizo salir a los judíos de Egipto in manu forti.

“Dios no desata, arranca; no doblega, rompe; más que separar rasga y devasta todo”, así habla Bossuet en el segundo sermón de la Asunción.

Más tarde entenderás esta palabra de Dios: Vosotros mismos habéis visto… cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí” (Éxodo 19, 4).

No le tomes el peso a tu cruz; se te caería el alma a los pies. Fíate del que, por amor, te recibe tal como eres; sin hacer caso de tu indignidad, y dice:

“Voy a seducirle, le llevaré al desierto y le hablaré al corazón…” (Oseas 2,16-18)».

El eremitorio – Dom Esteben Cheveviere

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